Mi historia
Me llamo Renzo.
Pesaba 148 kilos.
Llegué a 86. Tardé dos años y no fue bonito. Esta es la versión completa, incluida la parte que no sale en los videos.
Tenía 30 años, pesaba 148 kilos y vivía en piloto automático: trabajar, jugar videojuegos, pedir delivery, dormir. Repetir. La comida era mi refugio, la única cosa del día que me hacía sentir bien durante quince minutos, y la pagaba durante meses.
No hubo un momento épico. Nadie me dijo que me iba a morir ni hubo una foto viral que me destruyera. Estaba en una relación que siempre supe que no iba a funcionar, y nunca tuve el valor de terminarla. A fines de enero de 2024 las circunstancias nos separaron, y me sentí libre.
Seguía en mi departamento, trabajando desde la casa y jugando videojuegos, pero ya sabía que me tocaba armar una vida nueva: conocer a alguien, viajar. No quería salir con alguien que tuviera hábitos tan poco sanos como los míos, y sabía que para atraer a una persona distinta yo también tenía que cambiar.
Empecé por lo más chico, que fue tratar de comer un poco mejor.
Lo que no funcionó (durante años)
Antes de eso probé de todo y fallé muchísimas veces. Dietas de dos semanas. Enero de gimnasio. Prohibirme el pan. Comprar la app cara y no abrirla nunca. Cada intento empezaba un lunes y terminaba un jueves.
Siempre buscaba la dieta perfecta en vez de un cambio que pudiera sostener. Y cuando la dieta perfecta se rompía (y siempre se rompe) usaba eso como prueba de que yo era el problema.
Lo que sí funcionó
Lo primero que hice bien fue comer porciones más chicas y salir a caminar. Todavía no pesaba cada ingrediente, y aun así empecé a bajar.
Entre el segundo y el tercer mes empecé a medir y anoté todo lo que me entraba a la boca. La mantequilla y la mayonesa sumaban muchísimo más de lo que creía.
A partir de ahí todo se volvió aburrido, y por eso funcionó. Nada de esto es un secreto:
- Déficit calórico. Comer menos de lo que gasto. Es lo único que baja la grasa (lo explico completo aquí).
- Caminar, no correr. Unos 10,000 pasos al día. Pesando 148 kilos, correr era una lesión esperando su turno.
- Proteína en cada comida. Me mantenía lleno y cuidaba el músculo mientras bajaba.
- Pesas, con cabeza. Entré al gimnasio muerto de vergüenza y empecé por las máquinas (esa historia está aquí).
- La cabeza primero. La obesidad no se cura desde el cuerpo. Si no cambias por qué comes, el peso vuelve.
Ah, y bajé 60 kilos comiendo casi cero verduras y casi cero fruta. Es una limitación real que tengo desde niño, no un consejo. Lo cuento porque lo que manda es el déficit. Aquí está el detalle.
Lo que no te voy a vender
Sin título. Con prueba. No soy nutricionista, no tengo un diploma que colgar y no voy a fingir que lo tengo. Soy un tipo de Lima que estuvo muy gordo, que se metió en el tema con obsesión durante dos años y que anotó todo lo que le fue pasando.
Por eso no vas a encontrar aquí «baja 10 kilos en 10 días», ni un té, ni un suplemento milagroso, ni fotos retocadas para que el antes se vea peor de lo que era. Las fotos son mías: a algunas les ajusté la luz y el contraste; el cuerpo nunca se toca.
Tampoco te voy a decir que fue rápido ni que fue fácil, porque sería mentira y porque esa mentira es exactamente la que me tuvo estancado años.
Dónde estoy hoy
Llegué a 86 kilos. En la recuperación de la cirugía subí un poco, y ya estoy trabajando para bajarlo otra vez; mi meta es verlo para febrero de 2027.
Entreno con pesas, camino todos los días y sigo pesándome a diario, pero miro la tendencia de la semana, nunca el número de un día suelto.
Me quedó piel suelta, y no la escondí: es el precio real de bajar 60 kilos. El 22 de julio de 2026 me operé para retirarla (abdominoplastia 360, corrección de ginecomastia y lifting pectoral). La operación salió bien, y no me bajó de peso: los 60 kilos ya los había bajado. Escribí sobre eso sin adornos aquí.
Y sigo teniendo días malos, ansiedad y ganas de pedir delivery. La diferencia es que ahora tengo un sistema en lugar de fuerza de voluntad.
Por qué escribo todo esto
Cuando yo empecé, casi toda la información útil venía de gente que nunca había estado gorda. Consejos correctos, pero escritos desde un lugar que yo no reconocía. Nadie me hablaba de la vergüenza de entrar a un gimnasio pesando 148 kilos, ni de qué haces cuando son las 11 de la noche y la ansiedad gana.
Esto es lo que a mí me hubiera servido: lo que aprendí, contado por alguien que sí estuvo ahí. Es lo que hice, con sus errores incluidos.
La prueba, no la promesa.